Proyecto : Hotel Amomoxtli

Despacho: Nomah   |   Localización: Ciudad de México     |     Fotógrafo: Rafael Gamo / Onnis Luque

Originalmente el Edificio España, un edificio icónico de 1924 en el Centro
Histórico de la Ciudad de México que albergaba los despachos de
contadores y abogados más importantes de ese momento, se volvió, con
el paso del tiempo, un edificio que quedó en el olvido.

Fue en 2017 cuando este inmueble se recuperó y cambió su programa para transformarse en el Hotel Umbral.

Desde el acceso se puede percibir cómo se mantuvo la esencia del edificio,
también, se aprovecharon los corredores circundantes para definir el
funcionamiento del hotel. La arquitectura y el interiorismo fueron respetuosos
con la estructura al conservar el uso y el partido arquitectónico original.

Cada habitación cuenta con un «umbral», un espacio de transición oscuro
con una luz escenográfica que recibe al huésped e involucra sus
sensaciones.

Este elemento dio base al concepto y nombre del hotel. A partir de esta primicia indispensable de diseño se desarrollaron los interiores de las habitaciones y, además, replicó el uso del «umbral» en el lobby para crear transiciones entre diferentes áreas del hotel: del acceso principal, en una calle ruidosa y llena de movimiento, pasas al lobby, un espacio sereno de color negro y con una celosía en color dorado que da luz y profundidad al espacio, después, pasas de este ambiente sutil a las escaleras principales, un lugar amplio y luminoso.

Por otro lado, la materialización de cada habitación comienza en el
«umbral», un espacio íntimo y silencioso de colores oscuros, con luz tenue,
olores amaderados y un juego de texturas en los muros.
Esta área cuenta con mobiliario que le permite funcionar como una oficina personal o como una zona de ocio.

Una vez que atravesamos el «umbral», por medio de una luz tenue y una placa dorada, entramos al área de dormir, la cual contrasta con el primer espacio al ser pulcra y luminosa.
Por su lado, el baño de cada habitación se pensó como un «cuarto de baño» con un carácter y protagonismo propio que cuenta con la misma pulcritud que el área de descanso.

El diseño del mobiliario principal en todo el hotel, parte del funcionalismo de
los años veinte. De este movimiento se tomó la racionalización del diseño en
conexión con su función y sólo subsiste aquello que el usuario necesita para
habitar el espacio.

En las habitaciones, piezas como el clóset, al ser una representación contemporánea del ropero, fueron diseñadas con especial cuidado al detalle, mientras que el mueble de baño fue pensado para ser el protagonista del espacio.

El interiorismo buscó generar un juego de claroscuros que brinda escenas
contrastantes y, por lo tanto, generan en el huésped una experimentación
multisensorial: pasa de la oscuridad a la luz, del bullicio de la ciudad a la
relajación.
Es una experiencia kinestésica. Es un juego entre el pasado y el presente del lugar.